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Contracturas: manual de supervivencia

"Me duele mucho el cuello, tengo unas contracturas terribles"

Te suena, ¿verdad?

Y es que...

¿Alguna vez has sentido como si tu cuello, por voluntad propia, no quisiera pasar de un punto?

¿La espalda arroja mensajes de alerta?

Si es así, muy probablemente tengas, o hayas tenido, lo que algunos fisioterapeutas definen como la patología del Siglo XXI: las contracturas.

Descubre qué son y cómo podemos evitarlas en el artículo de hoy. 

¿Qué son las contracturas?

El término contractura se ha vuelto demasiado común. Ha pasado a ser el comodín de los dolores musculares. 

Tenemos asentado el hecho de que una contractura duele; y se masajea, y deja de doler. Pero ¿son realmente correctos este término y solución? Quizás le hemos dado sobreuso, llegando a no saber qué significa realmente, y a no poder utilizarla como término adecuado cuando sí que la podemos usar.

Fisioterapeuta tratando a un paciente con contracturas en la espalda

Cuando sentimos un dolor muscular que tildamos de “contractura”, parece ser que lo que sucede realmente (aún no estamos seguros al 100% de esto, son todo teorías validadas por la ciencia, y esta parece ser la más acertada) es que las fibras musculares se han contraído más, y durante más tiempo de la cuenta. Entonces, el cerebro elabora un sistema de aviso, porque interpreta esta situación como peligrosa; ahí viene el dolor.

En cuanto al término contractura, este se define como: “tensión permanente de los músculos, los tendones, la piel y los tejidos cercanos que hacen que las articulaciones se acorten y se vuelvan rígidas. Esto impide el movimiento normal de una articulación o cualquier otra parte del cuerpo.” Dista mucho de lo que teníamos en la mente, ¿no?

¿Existe alguna manera de evitar las contracturas?

Y ahora que sabemos un poco más, ¿cómo evitamos este proceso? Es difícil evitarlo por completo, pero algunos tips serían:

Consejo número uno para evitar las contracturas: conocimiento. 

Conocer el funcionamiento de nuestro cuerpo, sobre todo del proceso de la contracción muscular. Solo con saberlo, cuando algo nos duele, sabemos que no es porque haya una lesión en sí sino porque la zona está “sobre solicitada”. Ya simplemente con esta información, podemos hacernos una idea de que la solución es más posible de lo que parece, y de que la prevención está en parte en nuestra propia mano. 

Consejo número dos para evitar las contracturas: movilidad.

Es importante no pasar largos periodos de tiempo en la misma posición (sentados frente al ordenador, parados,...). Muévete cada 15-20 minutos. Puedes ponerte alertas que te lo recuerden.

Consejo número tres para evitar contracturas: relajación.

Suena a tópico. “Relájate”; “ya, como si fuera tan fácil”. Pues realmente, sí que sirve que nos digamos a nosotros mismos: “esta zona te duele porque está más contraída de la cuenta, y porque lleva un tiempo así. ¿Por qué no nos centramos en intentar relajarla?”.
Suelta la musculatura, mueve las articulaciones, intenta ser consciente de que esa zona tiene que ir poco a poco volviendo a un estado de relajación.

Consejo número cuatro para evitar las contracturas: fuerza.

El trabajo de fuerza (en el gimnasio, haciendo yoga, pilates,... lo que quieras, pero haciendo fuerza) es vital. Nos ayudará a tener músculos mucho más sanos y preparados, y a que el cerebro de menos señales erróneas de necesidad de dolor de las que debería dar.

Y una vez que llegan… ¿Cómo quitamos las contracturas? 

No hay un único método que de la solución final. Más bien, es un conjunto de métodos los que hacen tener éxito ante este problema:

-    Conocimiento: al igual que en la prevención, el conocimiento es vital para comprender y solucionar las dolencias de nuestro cuerpo. Esta, sobre todo. El cerebro provoca ese dolor, y el cerebro lo elimina si ve que ya no hay situación aparentemente peligrosa. 
-    Ejercicio terapéutico: tu fisio te mandará una serie de ejercicios que fortalezcan la zona, y que ayuden a solucionar el problema que causó este dolor. Además, también recibirás ejercicios con los que trates la movilidad.
-    Estiramientos y calor: no han demostrado tener eficacia científica ante este problema, pero añadiéndolos a los demás métodos, ayudan. Todo suma.

Y tú, ¿has sufrido alguna vez esta patología?, ¿conoces otro sistema para tratarlas?

¡Estamos deseando leerte en los comentarios!

El equipo de TUFISIO. 
 

Ana Fresia
Dirección

Sevilla
41001 Sevilla
España

Mi nombre es Ana Fresia, y decidí dedicarme a la fisioterapia y el deporte por mi pasión hacia la salud y el movimiento.

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